El Efecto Domino

En octubre del 2018, Brasil, junto con el resto de Latinoamérica, observó como Jair Bolsonaro ganó las elecciones a la presidencia. El candidato de extrema derecha logró la victoria con su campaña a favor de la anticorrupción y la reducción del crimen en el país. Militar y católico extremo, decisivo y radical; al parecer su fuerte personalidad se verá reflejada en cada una de sus políticas presidenciales los próximos cuatro años.

A pesar de haber ganado con una amplia mayoría, su gobierno se puede considerar polarizado al ganar con el 55.21% de votos, el resto de los votos fue para Haddad, candidato del Partido de los Trabajadores.

Ante la presión económica en la que se encuentra el país, afirma que quiere liberal la economía del país con la privatización de empresas, argumentando que el proteccionismo y los subsidios nacionales limitan el crecimiento económico además que incentivan la corrupción. Por otra parte, también propone la autonomía de la industria petrolera.

Una parte importante que no se debe obviar en relación con la economía brasileña es la importancia de la agricultura, en especial la soja, donde Brasil se posiciona como el productor y comercializador número uno a nivel mundial.

Durante el 2018, Brasil logró el record de exportación de soja, alcanzando las 82.5 millones de toneladas según la Asociación Nacional de Exportadores de Cereales (ANEC) comparado con los 68 millones de toneladas del año pasado. Asimismo, más del 80% de la soja exportada este año fue para China. La evidente respuesta del alza de ventas recae en la guerra comercial que China y Estados Unidos mantienen, donde China ha tomado represalias ante las decisiones del presidente Trump, afectando principalmente la industria agrícola americana. El resultado es simple, otros países alrededor del mundo abastecen la demanda del país más poblado del mundo. 

Como fichas de domino cayendo, cada acción produce una reacción; y una a una se van conectado. El triunfo de Bolsonaro no solo significa un gobierno católico, capitalista, con una masiva privatización de compañías nacionales. También significan algunas contradicciones, por ejemplo, su intención de fusionar el Ministerio de Agricultura y el de Ambiente; con el objetivo de “Extinguir y privatizar gran parte de las estatales que hoy existen”, argumentando que, “Son gastos innecesarios que deben atender a la población”; pero, ¿Cuál es la lógica detrás de unir dos ministerios opuestos y con propósitos distintos?

Esta claro que para Jair Bolsonaro, el medio ambiente no es prioridad como ha dejado claro en más de un discurso. No sólo objeto la participación de Brasil en el acuerdo de París, desaprobando los movimientos ecológicos y retirando la oferta de ser sede para la COP25, la cual tendrá lugar a finales del 2019 y principios del 2020; si no que además se manifiesta en contra de la soberanía de las tierras indígenas, manteniéndose firme en entregar más territorio. En Brasil, cerca del 13% del país pertenece a reservas indígenas. Incluso, durante su campaña, el ahora electo, presidente Bolsonaro, ofreció a los nativos subsistir de los recursos naturales de las tierras. Les sugiere a los indígenas obtener utilidades de la explotación de las minas y de las plantas hidroeléctricas que busca construir en dicha región. La fuerte y controversial opinión de Jair Bolsonaro es que los indígenas tienen el derecho de aprovechar las tierras, tierras que se encuentran bajo el control del gobierno federal y que, según la Constitución Brasileña, las reservas indígenas no son explotables ni se pueden destruir, comercializar, trabajar o dañar bajo ningún motivo.

Esta claro que los ojos del presidente Jair Bolsonaro están puestos en la selva Amazónica, el gran pulmón de la humanidad. Sus acciones no son al azar, Bolsonaro busca el crecimiento económico a toda costa, posiblemente pensando en la reelección; la guerra comercial entre China y Estados Unidos le ha dado la oportunidad de jugar en las grandes ligas. El Amazonas no solo es una gran fuente de yacimientos minerales, también es un terreno demasiado tentador para la ganadería y la agricultura.

No obstante, la destrucción de la selva del Amazonas tiene consecuencias inimaginables para la humanidad. Estamos hablando de generador de oxigeno más grande del mundo. Según los datos del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático, la Tierra no puede soportar un aumento mayor a 1.5 grados centígrados hasta el año 3000 sin peligrar el futuro de los humanos; hoy hemos aumentado ya 1 grado centígrado.

Es verdad que el Congreso debe aprobar los cambios constitucionales que se deberán aplicar y que hoy, a tan solo meses de la toma de posesión, la comercialización del Amazonas aún es hipotética; pero las fichas a nivel mundial ya están en movimiento, y a cada una de las decisiones que se tomen tendrán grandes efectos en un futuro próximo. “El leve aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo.” – Proverbio Chino.



Categories: Brazil, Domestic politics, Opinion

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