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La Gallina de los Huevos de Oro

El pasado 24 de octubre, Marcelo Ebrad, el próximo canciller del nuevo presidente electo Andrés Manuel López Obrador, visitó Canadá; entre los temas que se trataron, se destaco la legalización de marihuana para uso recreativo, a lo que Ebrad comentó “Creemos que es una opción muy interesante a corto plazo para México”.

Pese a lo cautivador de la noticia para muchos, mucho me temo que existe un factor decisivo que en mi opinión impedirá que México siga el camino de sus vecinos en el norte.

No se puede negar que una de las posibles soluciones para combatir el crimen organizado es la legalización del cannabis como afirman varias fuentes. Aunque, por otra parte, el temor más grande para muchos, relacionado con la legalización de la marihuana, es la posibilidad de incrementar el crimen relacionado con el narcotráfico como ocurrió en Uruguay, donde las fuerzas publicas reconocen que aproximadamente 50% de los homicidios durante el 2018 fueron por el control de territorio entre los narcotraficantes.

Sin embargo, y sin animo de mostrarme cautelosamente optimista, el negocio de la droga hoy en día, en especial en países con bajo índice de consumo, en comparación a otros tales como Islandia, Estados Unidos, Nigeria y demás, como lo es México tiene distintas fuentes de ingreso en el comercio de dicha droga.

Me explico; las drogas, armas y otros negocios ilegales no sólo se limitan al intercambio comercial como tal, para que funcione existe todo un sistema detrás que permite el éxito. “El sistema” implica comprar a las autoridades para que se pueda operar, además de cierta protección contra otras bandas de narcotraficantes.  Pero esto es un hecho conocido. En países corruptos, todo tiene un precio.

Otro hecho conocido, pero poco analizado es que cualquier producto legal paga impuestos. En economías estables, como California y Canadá, el uso recreativo del cannabis beneficia no solo a los directamente implicados con su venta y consumo, si no también a los jugadores indirectos, como el mismo gobierno, quien obtiene justas y jugosas ganancias de su población recreativamente activa.

Pero ¿alguien se ha parado a pensar que sucede en países como México? Tenemos cierta parte de la población corrupta, con un gobierno aún más deshonesto. En el 2016, en México, se calculo una perdida de 510 mil millones de pesos, (2.6 por ciento del producto interno bruto) tan solo de evasión de impuestos. ¿Se pagarían los impuestos correspondientes de la marihuana en base a estos datos? Probablemente no. ¿Permitirían entonces aquellos en el gobierno que reciben sobornos de los negocios ilegales que el cannabis se legalice? Definitivamente no. ¿Por qué matar a su gallina de los huevos de oro legalizando la marihuana?

Una vez que se tiene la información y el paisaje descrito, solo nos queda sacar conclusiones. La mía es que la legalización de la marihuana para fines recreativos va mucho más lejos que la moralidad de la acción o de una herramienta para controlar la violencia; si no, de vil y simple conveniencia. Existen poderes en México que reciben dinero y favores, que respiran corrupción y que tienen más avaricia que aire en los pulmones; son fuerzas publicas compradas que por pocas cosas en el mundo dejarían jugar en esta cancha tan bien planificada, por lo que evitaran a toda costa la legalización de la marihuana; sobretodo, si los datos históricos nos indican que en México existe una crisis de evasión fiscal grave, así como negligencia política, robo y mal uso de impuestos.

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